Te contamos la historia que hay detrás de algunas piezas de colección. Piezas únicas y especiales han pasado por mucho, y nosotros te contamos su historia.

Esta silla no es un mueble cualquiera, lleva consigo la esencia de la huerta murciana. Fue creado por el maestro carpintero Pedro Martínez «El Carpintero», en su pequeño taller en Alcantarilla, en el año 1950. Pedro, un hombre de manos curtidas por el trabajo y el sol, aprendió el oficio de su padre y su abuelo, quienes también eran carpinteros en la huerta.
La silla fue tallada con madera de pino carrasco, traída de los montes cercanos a Sierra Espuña. Pedro eligió esta madera por su resistencia y su aroma característico, que recuerda a los pinares y a la tierra seca. Cada detalle fue cuidadosamente trabajado a mano, desde las patas robustas hasta el asiento ligeramente curvado, diseñado para brindar comodidad después de largas jornadas de trabajo en el campo.
Pedro vendió el banquito a María Sánchez «La Hortelana», una mujer fuerte y trabajadora que cultivaba hortalizas en su huerto. María utilizaba la silla para descansar a la sombra de los limoneros, mientras observaba sus tomates, pimientos y berenjenas crecer bajo el sol.
Después de la muerte de María, el banquito pasó a manos de su hijo, Antonio García «El Labrador», quien lo llevó consigo a su cortijo en el campo. Antonio utilizaba la silla para sentarse a la puerta de su casa, al atardecer, mientras escuchaba el canto de los grillos y el croar de las ranas.
Finalmente, la silla llegó a nuestras manos, trayendo consigo la historia de la huerta murciana y el espíritu de sus gentes. Ahora, forma parte de nuestro taller, un símbolo de la tradición artesana y la vida sencilla en el campo.

Este juego de comedor no es un mueble cualquiera, lleva consigo el espíritu de las reuniones familiares en la huerta murciana. Fue creado por el maestro carpintero Paco López «El Manitas», en su taller en Javalí Viejo, en el año 1985. Paco, un hombre de manos hábiles y corazón generoso, era conocido por su habilidad para trabajar la madera y por su pasión por los diseños tradicionales.
El juego de comedor fue elaborado con madera de pino carrasco, traída de los montes de Carrascoy. Paco eligió esta madera por su resistencia y su belleza, y la decoró con motivos solares tallados a mano, inspirados en los rayos del sol que iluminan la huerta. Los asientos de las sillas fueron tejidos con esparto, una fibra natural muy común en la región.
Paco creó este juego de comedor para su propia casa, donde solía reunirse con su familia y amigos para celebrar comidas y fiestas.
Después de la muerte de Paco, el juego de comedor pasó a manos de su sobrino, Antonio Hernández «El Cocinillas», quien lo llevó consigo a su casa en Murcia. Antonio, un apasionado de la cocina, utilizaba el juego de comedor para preparar y compartir sus platos favoritos con sus invitados. El juego de comedor se llenó de aromas a paella, migas, zarangollo y otros platos típicos de la región.
Finalmente, el juego de comedor llegó nuestro taller, trayendo consigo la historia de la familia Sánchez y el espíritu de la huerta murciana.